Si hay un lugar en Cantabria que combina historia, mar y buena gastronomía, ese es Castro Urdiales. Desde el momento en que llegas, la villa te atrapa: la dársena del puerto, la imponente iglesia gótica de Santa María, el castillo-faro que guía a los marineros desde 1853 y esas callejuelas del casco antiguo que invitan a perderse, forman la postal más conocida y fotogénica de este rincón del norte de España.
Recorrer el casco histórico de Castro Urdiales es como viajar en el tiempo. Cada rincón tiene su encanto: los edificios conservan el carácter medieval, las plazas respiran historia y en cada callejuela se percibe ese olor a brisa marina que tanto me gusta. Más allá del casco antiguo, la villa ofrece sus pequeñas joyas naturales. La cueva de la Peña del Cuco nos recuerda que aquí hubo arte rupestre, y las playas de Osende y Brazomar invitan a desconectar y disfrutar del Cantábrico en estado puro. Los acantilados y los paseos por la costa son simplemente espectaculares, y no exagero si digo que cada foto parece sacada de un cuadro.
Y, como en toda escapada perfecta, la experiencia se completa con una buena comida. No hay mejor manera de saborear Castro Urdiales que en Marisquería Alfredo. Allí disfrutamos de unas gildas que abrían el apetito, chipirones encebollados llenos de sabor, y un bacalao al ajillo que era simplemente espectacular. Cada plato estaba hecho con mimo, respetando el producto local y dejando claro por qué este restaurante es uno de los favoritos de la zona. Comer en Alfredo es más que llenar el estómago; es un pequeño homenaje a la gastronomía cántabra que no puedes perderte.
Castro Urdiales enamora porque es auténtico: es un pueblo pesquero con historia, patrimonio y playas de ensueño, pero también es cercano y vivo. Aunque esté más cerca de Bilbao que de Santander, los cántabros están muy orgullosos de él, y eso se nota en cada esquina, en cada sabor y en cada paseo. Para mí, es una de esas villas que se disfrutan con los cinco sentidos, donde cada momento se queda grabado: patrimonio, brisa marina y platos que se recuerdan para siempre.






