≡

Santoña en fiestas: una villa marinera con sabor a anchoa

Hay lugares cuya identidad se entiende mejor cuando se celebra. En Santoña, esa relación con el mar se hace especialmente visible durante las fiestas patronales en honor a la Virgen del Puerto, que este año se celebran del 5 al 13 de septiembre.

Durante esos días, la villa cántabra se llena de actividad y vuelve a poner en primer plano una tradición marinera que forma parte de su historia y de su manera de entender la vida. Entre los momentos más destacados del programa se encuentra la procesión marítima por la bahía, el 7 de septiembre, además de la elaboración y el reparto público de marmite los días 9 y 10, uno de los platos más vinculados a la cocina marinera de la localidad.

Pero si hay un producto que resume la relación de Santoña con el Cantábrico, ese es la anchoa. Su fama no se explica únicamente por lo que llega al plato, sino por un oficio que comienza con la pesca del bocarte y continúa con la salazón, la limpieza y una maduración que requiere tiempo y cuidado.

Y es precisamente esa tradición conservera, que sigue viva durante todo el año, la que nos lleva a descubrir otra forma de acercarnos a Santoña: a través de sus sabores y de las personas que mantienen este trabajo artesanal.

Una fiesta marinera, un oficio que no se detiene

Mientras Santoña celebra a la Virgen del Puerto, el trabajo que ha dado fama a la villa continúa su curso. Porque la anchoa no se prepara de un día para otro: detrás de cada conserva hay una temporada de pesca, meses de salazón y maduración, y un proceso en el que la paciencia resulta tan importante como la materia prima.

Todo comienza con la costera del bocarte, la campaña de pesca de primavera en el Cantábrico. Después llega el trabajo en las conserveras, donde las piezas se seleccionan, se limpian y se preparan manualmente antes de pasar por un periodo de maduración que puede prolongarse durante meses. Es un oficio de tiempos largos, muy ligado a la historia económica y gastronómica de Santoña.

Así, mientras las calles se llenan de celebraciones, en las naves de salazón la tradición sigue viva. La fiesta pone el foco en la relación de la villa con el mar; la conservera demuestra que ese vínculo no se limita a unos días del calendario, sino que forma parte de su identidad durante todo el año.

Conservas Emilia: el sabor de Santoña, también fuera de las fiestas

Entre las conserveras que mantienen vivo este oficio se encuentra Conservas Emilia, instalada en Santoña y dedicada a la elaboración artesanal de anchoas del Cantábrico, bonito del norte y otras especialidades. Su propuesta permite acercarse a una parte de la tradición marinera de la villa y descubrir el trabajo que hay detrás de uno de sus productos más reconocibles.

Sus anchoas se preparan una a una, con especial atención a la selección de la materia prima, la limpieza manual y el cuidado de cada pieza. El resultado es una conserva en la que la textura, el equilibrio salino y la delicadeza del producto tienen todo el protagonismo.

Más allá de llevarse a casa una de las grandes señas de identidad gastronómica de Cantabria, acercarse a una conservera como Emilia es también una manera de comprender mejor Santoña: una villa cuya historia, su economía y su cocina siguen estrechamente vinculadas al mar.

Comments

comments